que miraste en nuestro jardín,
por si tu olvido, o la indiferencia ausente
de tu amor, se olvida del mío y
deje de ser correspondido.
deje de ser correspondido.
Vivimos el otoño pasional de nuestra vida,
el Sol inaugura cada mañana tu sonrisa
en el rostro juvenil de tus otroras inocencias,
aquel día del beso robado, fueron testigos
las hojas secas airadas al conjuro del viento.
Vivo esta tristeza ufana
como afrenta de mi pasada vida,
desde mi mesa de estudiante construí
el ideal frenético en madrugadas concebidas,
o es la promesa incumplida del amor rebelde
y liberador marchitado en auroras desfloradas.
Acaso merezco este amor blanco
tan blanco e impoluto, sacrificado y augusto,
en tus ojos el horizonte del Mar
del color entre la costa y el cielo.
Tus manos, tus blancas y suaves manos,
guardan esta arrogancia que es mi presencia.
Yo soy el Sol y tu la Luna.

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