Lugares, espacios, ambientes, los entre muros de correderos y sus enlosados, un sueño del cual quiero despertarme, sin encontrarte, me despierta la realidad, éste otro lugar, en éste momento, es un ámbito existencial en su plano cabal, aquellas fueron otras dimensiones, donde en un arrebato onírico intente hallarte, inútilmente, como siempre, tu presencia se desvaneció en aquellos espacios del pasado, donde realidad y alucinada historia se unen en una dimensión tan real y sentida, como dolorosa y temida.
Transité nuevamente las calles y avenidas de juventud, me
acogí llegando en una casa que no es la mía, sin embargo, la certeza de su posesión
es tan cierta, como mi permanencia en mi pasaje mientras duermo, un sueño del
cual quiero despertar y no puedo.
En ese maravilloso instante, cuando tu presencia veo en la
distancia, pretendo avasallarte tomándote del brazo, pero, en la versátil dimensión
de mis ensueños, recuerdo que ahora estás casada, que el tiempo de nosotros dos
se nos pasó, que nunca hubo en realidad ese anhelado lugar donde amarnos de
verdad, que los años se acumularon impíos e inmisericordes, nefastos y atormentados,
como nuestra pasión allanada por el desencanto y el desencuentro.
Buscando tu presencia, tan sencilla como tu nombre, tus
aromas de mujer incontenible, piel de mármol blanco, ánfora griega y esbelta, ojos
de mágica profundidad en el contorno del negro azabache de tus cabellos,
inalienable en las rondas nocturnas tocando en tu ventana, y al abrirla, salen
por tu ventana, los encantos de tus humores juveniles, sembrados en mi
inquietantes, con impetuosa exaltación.
Adiós amor, por siempre adiós, aquellos cinco años fueron tan poco tiempo y, sin embargo, son el todo, en el tiempo y en el espacio de los afectos más queridos de la juventud, adiós a la prodigiosa presencia de aquellas ilusiones perdidas.
JLReyesMontiel.
