Una premonición onírica
es dormir, morirse
poco a poco cada día,
ánima perdida
en los rincones de la casa
y quedarse preso
en el letargo onírico,
andando insondables senderos.
Dormir es morir un poco,
pero en vida,
levitando sobre los espacios del cosmos,
soñar mientras se duerme,
recorriendo los sitios
de aquellos lugares vividos
y otros trascendidos aún por vivir.
Soñar y verse en un fantasma
impersonal e ingrávido,
mientras se duerme,
porque se muere cada día
en el sopor de esos momentos
donde conciencia,
mente y cuerpo se desprenden.
Somos un aura, una musa,
una sombra, un héroe o un villano,
en un lugar de transpuestas luces y tinieblas
donde nadie tiene acceso,
solo nuestra mente
reconociéndonos a sí mismos,
con todas nuestras virtudes, pero,
pero también con todas nuestras
más excéntricas morbosidades.
Soñando discurrimos
Sobre íntimos infiernos,
Triunfamos redimidos
de aquellos pecados inconfesables,
más profusos y obscenos.
Medito sobre el cielo,
regreso a la Tierra deambulando
míticos lugares,
hasta retornar a la casa
de mi infancia, recorro de un vistazo,
las casas donde viví y vivo ahora,
caminando sonámbulo,
mientras duermo en un delirio.
Morir un instante,
es quedarse dormido al medio día,
en la tarde antes del ocaso
o hasta en la mañana
y también en plena algarabía,
sobre la mesa o sentado y a la espera,
dormirse es morir viviendo,
son los segundos perdidos,
convertidos en interminables acosos,
angustias, miedos, que solo
y dentro de tus sueños vibras.
Queriendo despertar y sin poder,
porque estas como un cadáver
inmóvil, pero con vida.
Morirse viviendo, es irse
al obscuro y personal antro,
en una pesadilla, mientras te quedas
dormido al mediodía.
Dormir en la noche
te prepara para el siguiente día,
pero también te va mostrando
las sombras y a la nada,
en la vacua bastedad del infinito,
donde encuentras fraccionada
la cara de la muerte,
en alucinadas fantasías.
JLReyesMontiel.
