viernes, 26 de julio de 2019

Ciudad del Sol.

Me quedó la imagen
de las abejas revoloteando
alrededor de las flores 
libando el polen de sus cálices, 
una mañana fresca de febrero 
caminando por tus calles, 
ella me acompañaba, 
como siempre, 
me detuvo la escena frugal de las abejas, 
en su libre trabajo necesario, 
con la sencillez consagrada 
en las cosas sencillas de esta existencia.

El Sol a medio cielo 
apuró la estadía y rompió 
el encanto del momento, 
veníamos de algún Café 
de nuestra ciudad apagada, 
todo es silencio 
entre la algazara de la gente, 
un silencio inmuto lleno de ironías, 
contradicciones 
que solo viven las sociedades en crisis.

Extraño el silencio 
de mi apartamento, 
la sombra de los árboles 
del abandonado parque adyacente a mi edificio; 
te extraño ciudad, 
mis lugares ensombrecidos 
por el tumulto irrespetuoso, 
a mi caminar vislumbro 
el frontis de la Basílica 
cada mañana de ida a la diaria diligencia 
y las sombras de los viejos edificios 
de la Plaza Baralt al regreso.

Siento la brisa fresca 
que llega a mi cara, 
y el sofocante calor que me agobia, 
pero que añoro, 
de alguna manera me entristece su ausencia, 
ironías de la vida, 
antes caprichos de juventud 
y hoy sórdidos furores de la vejez, 
nadie es conforme en su tiempo.

Si, 
estas floreciendo cada mañana, 
con la imaginación voy volando a tu encuentro, 
entre tus brazos me acojo, 
como me entregué 
tantas veces al regazo de mi madre,
perdido como estoy, 
me siento abrumado 
por la distancia espacial 
y el tiempo que me hiere, 
y me sofoca a pesar del frío antártico 
entre la bruma de éstos confines. 

Éstas en mi con tu Sol sofocante 
pero liberador, aunque hoy funestamente 
sometido y doblegado, si algún día volverán 
las nubes a despejar tu Astro Soberano, 
cuando la libertad sublime redima 
la afrenta de la vil traición,
volveré, como vuelven las abejas
a libar la flor en las mañanas.

JLReyesMontiel.



lunes, 17 de junio de 2019

Desde mi Ventana.



Cuando carajito, mi espíritu
colmado de gozo, 
supo imponerse a la tarde triste,
ante la soledad de los espacios
en sus albores de mocedad florida
de la vereda de ensueño, donde
las cosas más humildes alcanzan
matices inusitados, ante la inexpresable
presencia de mis pensamientos.

El camellón de la casa es un tren,
que me conduce rasante bajo la lluvia
en su olor de naturalezas escondidas,
las selvas y sus montañas aromatizan su esencia
y se despoja en verdes atavíos sobre las hojas,
clorifilando el sol, saturando la energía vital
de la lluvia en las entrañas de los árboles.

Un sonoro canto y el picoteo de un pájaro
desde el viejo árbol recrudecen mi nostalgia,
como un llamado el infinito me inspira,
deambulando los rincones de mi casa,
encuentro a la hora de la siesta
los postigos de las ventanas cerradas
dejando penetrar rayos inertes de luces
que en destellos enfocan detalles del losar del piso.

Las caprichosas imágenes surgen alegóricas
convirtiéndome en el expectador de un arte
inmuto sobre las baldosas, describen en sus figuraciones
los secretos de la vieja casa de habitación.

Cae la tarde, caen los árboles
cuando el Sol declina en sus sombras
proyectadas sobre el pavimento del patio
que desde el corredor de la casa diviso
y desde sus ramas abrazadas las chicharras
entonan sus oraciones, su concierto le da tono
al mutismo de la tarde y así obscurece
entre los vuelos rasantes de pequeños quirópteros,
cuquillos de la noche y el yermo crepuscular,
que al cielo saben demarcar con su veloz vuelo
tras el insecto indefenso, y así la noche
entre la tierra y el cielo, entre el viento
y el paso de las nubes el brillo del día mengua
y adquiere sus tonos ingenuos de inquietud y tristeza,
detrás del musitar de las chicharras
el silencio zumba en mis oídos.

Llega plenilunar la noche
con sus rasantes nubarrones
la luz de la Luna demarcan sus sombras
en el patio el viento las dispersa del norte al sur
en gala ingenua, despejando el cenit
y revelando las estrellas en su titilante presencia.

Otro día más, y en el patio de la casa
una siniestra silueta, del Sur al Norte se levanta
en un torbellino de nubes grises se concentran
y con su presencia impregnan de humedad sus contornos,
el suelo deja exhalar sus olores de raíces y tierra agreste.
Las puertas y ventanas se baten al ritmo de las hojas
y las ramas de los árboles agitadas al conjuro del viento,
sin cesar se baten en armonioso conjunto
llenando con el susurro de la ventisca,
fantásticas melodías con la música espectral de la tormenta.

Sobre mojada la arena desde los enlozados
el agua inunda las cantaras de las matas
y abren surcos en la tierra como ríos
en el microcosmos geográfico de mi patio
de mil sueños de niño, es entonces cuando
los espacios se pueblan con peces de colores
y los grillos dentro de motas de nubes
caen desde el cielo dentro de sus biosferas,
una planta, un grillo y dos o tres peces en su interior retozan.

Otros peces en el ambiente flotan,
suspendidos en el vacio del espacio aletean
y se desplazan entre las gotas del aguacero,
en ese momento lo onírico se vuelve surrealista,
reunidos en sus múltiples matices de colores,
como un tapiz primoroso, forman en tumulto
un Arco Iris que desde la tierra al cielo se levanta,
y un trueno estremece los cimientos de la Tierra
y un relámpago alumbra desde oriente a occidente,
deslumbrando las montañas, las sabanas y las selvas.

Desde el portal de la casa
y entre sus dos ventanas
mi madre está sentada en el taburete,
la tormenta pasó y ha dejado en la atmósfera
un recóndito silencio como de mil chicharras.

Yo desde la ventana de mi casa
miro el entorno inundado, en la calle
el agua de la lluvia no ha dejado de correr,
los árboles dejan caer sus ramas sobrecargadas de agua,
el jardín de la casa es una charca inmensa,
desde el patio la hierba emite sus olores propios
y las flores silvestres concentran sus tonalidades
engalanando la soledad del paisaje.

Miro al cielo con tristeza
y recuerdo el rostro de mi padre muerto,
tras las nubes el cielo despejado asoma los rayos del astro rey,
y una alegría infinita inunda mi alma,
la tarde abre así sus cortinas y la luz se concentra
en las guirnaldas de agua que colgadas de las hojas
adornan con sus destellos el verde horizonte de árboles,
las amarillas flores y las rojas, carmelitas y cayenas,
son un marco al verde vegetal alimentado
por el sustrato mineral disuelto por la lluvia.

Aquí un día, se quedó por siempre mi esperanza,
grabada sobre las tonalidades fucsias
del crepúsculo lluvioso de una inmaculada infancia,
mirando el firmamento desde mi ventana
en el patio de mi casa, lleno de naturaleza y pleno de luz.

JLReyesMontiel.




domingo, 24 de marzo de 2019

Figuraciones y Formas.

Lic. Carmen Reyes Sánchez.

Sobre tus lienzos 
cada reflexión,
es una sonoridad colorida 
de entendimientos,
en los trazos diferidos 
de tu contemplación,
son tus imágenes, captadas 
por tu mirada alucinada.

Tu obra es 
un breve espacio 
en el tiempo, 
del genio revoloteando 
en un tramo 
de tu eximia mocedad,
instrumentando 
con paletas y pinceles,
un mundo de mórficos espectros,
transeúntes caminantes 
de senderos perdidos,
pasajeros de décadas, 
vida y tiempo plasmados
para hacer presencia perdurable
de tu energía creadora, 
sobre la preparada tela
dentro un marco existencial, 
referente, donde configuras 
escenificas figuras, y exhibes 
tus desnudos, en figuraciones 
y formas de una realidad, 
que a través de tu visión percibes,
en los iconos insignes 
que conforman tu
escala valorativa, 
en una armonía de colores
circunscritos en un Arco Iris impreciso,
entrelazando modulaciones 
de claros oscuros, en la voluptuosa 
imaginación de una naturaleza
fantástica y envolvente, 
penetrante e inquisitiva,
rebelde contra otras formas 
aunque más perfectas, menos creativas,
aludiendo a la libertad gloriosa que
dentro de tu corazón aletea, 
volando sobre esquemas paradigmáticos 
más escolásticos pero serviles.

Es tu obra pictórica 
una exclamación 
de trazos fulgurantes, 
toda alborada y toda ángelus,
toda fábula, toda tu, 
toda fantasía, toda Gama.


JLReyesMontiel.


  

domingo, 17 de marzo de 2019

Transparente azul.

La transparencia pura
sobre las amarillas florecillas 
e intensas hojitas verdes, 
de los Abrojos del solar del patio 
de mi añeja casa, 
me hicieron comprender 
que la vida es contraste de colores,
y vivencia traslucida,  
como las gotas de rocío sobre los Abrojos.

Ni las purpuras Rosas
cultivadas por mi madre, 
perdieron su propio contraste,
ante la apariencia
de la amarilla flor del Abrojo,
pues ambas develan
la dolorosa existencia,
así como las Rosas
tambien ostentan, en su contraste,
las lacerantes espinas en sus ramas.

Así la hermosa vida
también tiene sus espinas, 
es un Arco Iris de experiencias, 
entre la alegría y la tristeza, 
entre la rabia y la ternura,
entre el gozo y el dolor,
entre dorados y bermellón.

Cierro mis ojos, me traslado 
al tiempo de 50 años atrás, 
sentado a la sombra del inmenso 
árbol de Caucho, en el frente 
de mi vieja casa, de mi añorada casa, 
entonces solo me preocupaba 
mantener sobre 15 puntos 
mis notas, para conservar
la beca del Colegio, 
que los curas del San Vicente de Paúl 
me habían concedido. 

Mamá en su maquina de coser 
me hizo dos pantalones 
y dos camisas para mi uniforme escolar, 
los libros nunca me faltaron 
ni mis útiles escolares, 
ella mi madre, nacida en el campo 
hizo de su vida una siembra perenne
y milagros entre sus manos, 
cultora nata, tampoco faltó
el consejo oportuno, ni la reprimenda,
bendito sea el instante 
en que me pariste madre,
y bendito el regazo
de mi entonces difunto padre,
que me concibió en tus entrañas.

Cuanta alegría
de haber vivido siempre con esperanza, 
hoy es mi mayor baluarte y sustento, 
la gracia necesaria
del Altísimo solo pido,
para perseverar constante en el camino.


JLReyesMontiel.


     

jueves, 14 de marzo de 2019

Al Zulia Patria Mía.

"Tierra del sol amada,
donde, inundado de su luz fecunda,
en hora malhadada,
y con la faz airada,
me vio el lago nacer que te circunda".
Rafael María Baralt.

Bendito el instante
que de la luz
a mi terruño vine
y conocer en buena hora 
tu lago, tu ribera de palmeras 
y tu lumbre.

Del calor, el Sol
y el regazo de mi madre,
que tan ufana,
acariciar mi presencia
con sus besos parecía.

Del arrullo solaz un día,
en el cual florecieron tus cocoteros,
nací airoso una mañana
en la región Zuliana,
tierra Mía.

El Zulia, 
excelsa tierra y lago,
redimirá con los tiempos
la afrenta de su abandono,
y surcarán nuevamente 
en sus aguas quiméricas 
piraguas y canoas,
repletas de los frutos
del Coquivacoa inmortal.

JLReyesMontiel



Mi Alcazar.


Has sido mi anhelo
y ellos, el sueño precioso de mi alma,
vislumbrado en cada amanecer
y en los atardeceres de mis siete años,
entre los aires súbitos y frescos
de flor de Lara y tempestad.

Tú eres mi amada,
la que siempre esperé,
porque te sentía en las brisas
de encanto sentado al pie
de aquel árbol de ilusiones
y fantasías de infancia.

Ellos mi grano de mostaza,
siembra y cosecha, en torno a mi mesa,
esperanza y gracia de Dios.

Con Dios y ante Él,
seguiremos caminando juntos,
estos nuevos senderos,
con sus risas, sus llantos,
su amor y su ternura,
aligerando la carga, porque cada paso
se da y se siente, por la fe
que le consagra la marcha, la esperanza,
tan firme como un alcázar
en Dios Padre Celestial.

JLReyesMontiel.




Raza Cósmica.

Surcando las nubes
desde barlovento y hacía sotavento
sobrecogido del inmenso y azul mar caribe,
remontando por sobre los riscos
de las montañas andinas,
divisé una raza de hombres multicolores.

Su lengua, la del pueblo
que más amó a Cristo y a María su madre
haciéndola nuestra.

Su fama, la de liberar pueblos oprimidos.

Su historia, la forjaron héroes cuyas glorias,
amor y desprendimiento, solo podrán ser narradas
por un Cervantes y esculpidas por un Fidias
sobre mármoles refulgentes con letras de oro puro.

Con toda esa herencia,
se acrisoló en el tiempo el hombre universal
el prototipo hispanoamericano.

Pude observar sus pueblos y ciudades,
sus comarcas vegetales y sus tumultos de ríos,
bebí la pureza de sus aguas
y respiré el aire libre en sus montes.

La Tierra Madre se había deslastrado de toda inmundicia
y un hombre nuevo apareció sobre su faz.

No se conocían las guerras,
porque la más espantosa había acontecido
y sepultado aquella raza de hombres tenaces.

No había dolor, ni llanto, ni rechinar de dientes.

La vida florecía para darle la oportunidad
al nuevo ser humano, limpio, purificado, incólume,
libre y sin maldad.

JLReyesMontiel.