de las abejas revoloteando
alrededor de
las flores
libando el polen de sus cálices,
una mañana fresca de febrero
caminando por tus calles,
ella me acompañaba,
como siempre,
me detuvo la
escena frugal de las abejas,
en su libre trabajo necesario,
con la sencillez consagrada
en las cosas sencillas de esta existencia.
El Sol a medio cielo
apuró la estadía y rompió
el encanto
del momento,
veníamos de algún Café
de nuestra ciudad apagada,
todo es silencio
entre la algazara de la gente,
un silencio inmuto lleno de ironías,
contradicciones
que solo viven las sociedades en crisis.
Extraño el silencio
de mi apartamento,
la sombra de los
árboles
del abandonado parque adyacente a mi edificio;
te extraño ciudad,
mis lugares
ensombrecidos
por el tumulto irrespetuoso,
a mi caminar vislumbro
el frontis de
la Basílica
cada mañana de ida a la diaria diligencia
y las sombras de los
viejos edificios
de la Plaza Baralt al regreso.
Siento la brisa fresca
que llega a mi cara,
y el
sofocante calor que me agobia,
pero que añoro,
de alguna manera me entristece su
ausencia,
ironías de la vida,
antes caprichos de juventud
y hoy sórdidos furores
de la vejez,
nadie es conforme en su tiempo.
Si,
estas floreciendo cada mañana,
con la imaginación voy volando
a tu encuentro,
entre tus brazos me acojo,
como me entregué
tantas veces al
regazo de mi madre,
perdido como estoy,
me siento abrumado
por la distancia
espacial
y el tiempo que me hiere,
y me sofoca a pesar del frío antártico
entre
la bruma de éstos confines.
Éstas en mi con tu Sol sofocante
pero liberador, aunque hoy funestamente
sometido y doblegado, si algún día volverán
las nubes a
despejar tu Astro Soberano,
cuando la libertad sublime redima
la afrenta de la
vil traición,
a libar la flor en las mañanas.
JLReyesMontiel.

Bellísimo tío, muy bien expresadp tu sentir. También el mío 😊😍 recuerdo mucho a la ciudad que alegro mis vacaciones de juventud.Un beso
ResponderEliminarPublicalo si quieres en el chat de la Familia, les va a encantar
ResponderEliminarSoy Elizabeth
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