sábado, 8 de abril de 2023

Los sueños ¿Sueños son?

Pedro Caldrón de la Barca
(Símbolo del siglo de Oro)
La vida es un sueño
me dijo Calderón de la Barca al despertar,
cuando ese instante había pasado,
desanduve caminos
con los espíritus de mis fantasmas familiares,
pernotando entre el claustro
de un amplio vestíbulo
circundado de corintias columnas,
por donde aparecían
en figuraciones dos
de mis hermanos mayores
con el aspecto de sus mozos años,
agraciados y luminosos,
en procesión peregrina
ante la presencia del viejo poeta.

-¿Cómo oh viejo poeta
surcas los senderos
de mis muertos familiares?
Pregunté al poeta aletargado,
un espíritu aún más desgarbado
y anciano, muy conteste me dijo:
-Soñando también se vive,
pero no de los tontos sueños,
de aquellos que alguna vez pensantes
y que nunca se cumplieron,
fantaseados sobre tu escritorio
al pie de tu lámpara y ante el libro abierto,
¿Jamás pensaste que tu mente
hoy se viera agitada por los embates
de un Mundo en gestada perversión?
Preguntó el desvaído arcano
sentado junto al viejo poeta adormecido.

-Una vez escribí a mi madre:
Sueña con amaneceres de tu campo
y acaricia los días que vendrán…
replicqué al alucinante arcano;
un fuego centelleante incendió
su desgastado rostro,
prendiéndole como hoguera
el semblante, con los destellos
de su antigua soberbia.

Tal luminaría despertose
al viejo poeta hispano,
Y habló así el veterano bardo,
con la lúcida transparencia
de quién pone el Pan
y una botella de Vino sobre la mesa:
-¡Apártate antiguo espíritu!
Eres mentira, vanagloria y traición.
Pretendes igualarte a la luz
y no eres más que tinieblas.
¡Apártate arcano antiguo!
Piérdete en la madeja
de tu tiempo perdido, degenerado,
marchate encadenado
por las falanges Angélicas del Altísimo.

Entonces el antiguo arcano,
retorcido y lánguido
desapareció entre los entuertos
de una oscura senda,
mucho más allá y tras los umbrales
del vestíbulo que le servía de entorno
al ahora rejuvenecido poeta
en nuestro compartido sueño.

Para el viejo poeta no hay sueños incumplidos,
sino un inmenso paisaje por recorrer,
la juventud un tesoro inagotable
en sus recuerdos más sonoros.

Porque nunca soñó tanto un hombre
como el empedernido viejo poeta y soñador.

JLReyesMontiel.

sábado, 25 de febrero de 2023

¿Madre, donde estás?

A la hora de los más dolorosos desengaños,

en los instantes donde la duda y el temor

aturden el entendimiento

y se confabulan con las ideas más nefastas.

Perdido en el tiempo,

buscó tu presencia madre,

para que con tus manos tomes las mías,

como ayer y desde mi niñez,

alegres mi triste corazón atormentado.

¿Madre, donde estás?

Desde algún lugar del cosmos ven,

ven, ven pronto a socorrerme.

Cuando dormido y a tu encuentro,

te veo, en todo el esplendor 

de tu juventud divina,

con tus ojitos fijos

mirando el horizonte azul

paradita ante sus agitados mares,

bajo el espléndido cielo fucsia

coloreado por la lumbrera del eterno ocaso,

vuelven en instantes relampagueantes

los sitios añorados de mi infancia.

Sobre una colina, el sendero me lleva

alucinado, sonámbulo onírico y enigmático

y desde lo alto la brisa estremece mi alma,

La inmensidad del crepúsculo

en su lejanía profunda,

cosmología de presencia infinita.

Abrumado por el paisaje,

demarcó mi presencia y me animo,

al gozo singular de aquellos parajes

inauditos y hermosísimos,

deseoso, ruego detener los espacios y los tiempos

ante la sublime majestad de la eternidad.


JLReyesMontiel







   

lunes, 28 de marzo de 2022

Premonición Onírica.

Una premonición onírica

es dormir, morirse

poco a poco cada día,

ánima perdida

en los rincones de la casa

y quedarse preso

en el letargo onírico,

andando insondables senderos.


Dormir es morir un poco,

pero en vida,

levitando sobre los espacios del cosmos,

soñar mientras se duerme,

recorriendo los sitios

de aquellos lugares vividos

y otros trascendidos aún por vivir.


Soñar y verse en un fantasma

impersonal e ingrávido,

mientras se duerme,

porque se muere cada día

en el sopor de esos momentos

donde conciencia,

mente y cuerpo se desprenden.


Somos un aura, una musa,

una sombra, un héroe o un villano,

en un lugar de transpuestas luces y tinieblas

donde nadie tiene acceso,

solo nuestra mente

reconociéndonos a sí mismos,

con todas nuestras virtudes, pero,

pero también con todas nuestras

más excéntricas morbosidades.

Soñando discurrimos

Sobre íntimos infiernos,

Triunfamos redimidos

de aquellos pecados inconfesables,

más profusos y obscenos.

 

Medito sobre el cielo,

regreso a la Tierra deambulando

míticos lugares,

hasta retornar a la casa

de mi infancia, recorro de un vistazo,

las casas donde viví y vivo ahora,

caminando sonámbulo,

mientras duermo en un delirio.


Morir un instante,

es quedarse dormido al medio día,

en la tarde antes del ocaso

o hasta en la mañana

y también en plena algarabía,

sobre la mesa o sentado y a la espera,

dormirse es morir viviendo,

son los segundos perdidos,

convertidos en interminables acosos,

angustias, miedos, que solo

y dentro de tus sueños vibras.


Queriendo despertar y sin poder,

porque estas como un cadáver

inmóvil, pero con vida.


Morirse viviendo, es irse

al obscuro y personal antro,

en una pesadilla, mientras te quedas

dormido al mediodía.


Dormir en la noche

te prepara para el siguiente día,

pero también te va mostrando

las sombras y a la nada,

en la vacua bastedad del infinito,

donde encuentras fraccionada

la cara de la muerte,

en alucinadas fantasías.


JLReyesMontiel.

 


viernes, 19 de marzo de 2021

Mi pequeño mundo celeste.

Hice un espacio a mi medida,
mi rincón existencial
de un castillo imaginado;
ahora muto sutilmente,
reinvento espacios
para sobrevivir al tumulto,
más allá esta la insondable muerte
indeseada pero fatal,
mientras tanto
lucho salud al ristre
con la fe por adarga.
 
Una noche soñé con muchos peces
nadando a mi alrededor,
flotaban sostenidos en el aire
mientras trataba de tomarlos entre mis manos,
hoy se cumple esa visión,
llegó la despedida
amarga y dolorosa mis buenos peces,
hice su mundo en una biosfera,
microcosmos del equilibrio perfecto,
del espacio vital del deber ser,
de un mundo a mi medida que para mí quise
y me lo echaron a perder, a malaya compañero,
y aunque quise ser El Elegido,
matando canallas como en la canción,
preferí no ser asesino contra
y ante un mundo de malhechores,
decidí retomar la vida por reducto
y lanzar al aire mi esperanza.  
 
Ahora comprendo aquella visión onírica,
y la que me despertó
entre mi sábana de cabecera y mis 7 años;
eran nubes convertidas en pequeñas biosferas
descendían del cielo al patio de mi casa añeja,
recogí aquellos regalos providenciales,
unos peces y plantas convivían
dentro de su pequeño mundo celeste,
esa fue mi vida:
Naturaleza vivida entre soles y lunas
sobre la tierra madre y
a la sombra de sus árboles,
ante la excelsa altives de sus montañas,
las aguas de sus ríos,
ante mi mar Caribe azul y nuestro, playas,
horizontes de sabanas infinitas,
amaneceres de fresca brisa y tardes de tempestad.

JLReyesMontiel.




lunes, 1 de febrero de 2021

Noble Roble.

La vida tan efímera,
solo tenemos este segundo
que pasó inadvertido,
pero fatal, no hay vuelta
de las manecillas del reloj,
tampoco de las hojas al viento
del Almanaque
colgado en la pared.
Más todo pasa, nada queda,
solo las memorias.
 
En la otrora casa familiar
solo quedan las sombras
de su gente y una Luna
en plenilunio,
en sus noches solitarias.
 
La misma Luna
coronando un amor imposible,
sacrificado e incomprendido,
toda desazón, amores
de estudiantes, sobre la tinta
seca de las páginas de
los libros, su nombre y el mío.
 
Se secó el viejo árbol,
Roble adusto pero sombreador,
patriarcal y buen amigo,
a pesar de los pesares,
un gran y buen amigo.
 
Quedaron sus memorias
acurrucadas entre los muros
de la estancia familiar
y la brisa susurrante
sonando entre los ventanales.
 
El Sol de sus auroras
con sus ocasos, la Luna llena,
al paso agigantado de las nubes
en el cielo nocturno
quimérico y sobrecogedor.
 
Tampoco está su mirada,
ni la idea anticipada
de su presencia,
tan sencillo como su nombre:
Ni más y sin olvido.
Ilusión desvanecida,
Linda ánfora de mármol blanco.
Donde estás ahora.
Amada al claro de las Lunas.
 
JLReyesMontiel.

sábado, 21 de noviembre de 2020

La Lluvia.

En esta fría mañana,
miró a través de la ventana,
las gotas de rocío me muestran sus ojos,
ellos me miran desde el mismo portal donde
en otras mañanas más bonitas,
me conducían con su mirada
y bajo sus oraciones hasta el colegio.
 
La lluvia es la vida,
flora y fauna se gozan entre ella
y en esta fría mañana de invierno,
oculto tras las nubes el Astro Rey,
sus resplandores a través de la ventana 
me llenan de recuerdos.
 
El patio de mi casa
era un microcosmos de armónicas presencias,
en el mi libre pensamiento volaba
en la inmensidad del Universo.
 
Su recuerdo me enluta ahora,
me impregna de sentimientos puros
esta lluvia fría y silenciosa,
busco entre su pertinaz escarcha su mirada,
y entre las nubes, el horizonte muestra 
mágicamente su presencia,
son sus cabellos los que caen 
con centelleos de plata y oro.
 
En ese instante,
la lluvia se comprime en mi corazón
como lagrimas del alma,
evocando su recuerdo en un adiós infinito,
soy ahora un prisionero de mis pensamientos,
ganándole solo al espacio de norte a sur,
el tiempo que ella y yo vivimos, y no volverá.

Y solo lamento,
no recordar, la primera vez que te dije: Mamá.

JLReyesMontiel.


jueves, 30 de julio de 2020

Paraguaná.


¡Ay Paraguaná!
Si supieras de nuestros dolores,
tus cujíes no llorarían aquel Vals
por alegrarnos el corazón.

Esta noche oscura es un gran mar,
donde la Luna taciturna juguetea
su resplandor en el camino.

Las nubes trascienden dibujadas
por las estrellas asomadas 
y veloces a nuestro paso, 
ante el cenit azul profundo,
surcando la brisa constante y serena,
deambulando por entre la espesura
xerófita de la tierra agreste,
tan patrimonial y nuestra.

Entonces un hito 
en el horizonte salobre emerge, 
en toda aquella húmeda 
y seca bastedad, 
es una formidable fortaleza
de arcanos sobrevivientes
de alguna isla remota 
y perdida en las centurias,
es el Santa Ana ancestral, flanqueado
por aquella luminaria 
de la noche estrellada
en su plenilunio, señalando 
cual faro inaccesible
el rumbo hacia el punto cardinal norte 
donde la costa de un Caribe 
azul e inmaculado baña 
la enorme cabeza Paraguanera.

Paraguaná, 
bien querida eres por tu hijos,
vencerás la ignominia 
de la afrenta vil,
la mancilla a tu brisa virgen,
la traición del canto de Primera,
de aquel epónimo 
y Libertador jinete
sobre su caballo blanco, 
que bajó del cielo
en un extraño sortilegio de los astros,
disipando el dolor mayor 
de los niños sin parto.

Paraguaná,
atávica y tan nuestra,
esplendida y bella,
luces en tus centurias 
más sola que nunca
al norte de esta Venezuela prodiga,
pero renacerás junto a ella,
porque todos los amores del terruño
están hechos como madres,
pariendo en el corazón de tus hombres.

JLReyesMontiel.