A la hora de los más dolorosos desengaños,
en los instantes donde la duda y el temor
aturden el entendimiento
y se confabulan con las ideas más nefastas.
Perdido en el tiempo,
buscó tu presencia madre,
para que con tus manos tomes las mías,
como ayer y desde mi niñez,
alegres mi triste corazón atormentado.
¿Madre, donde estás?
Desde algún lugar del cosmos ven,
ven, ven pronto a socorrerme.
Cuando dormido y a tu encuentro,
te veo, en todo el esplendor
de tu juventud divina,
con tus ojitos fijos
mirando el horizonte azul
paradita ante sus agitados mares,
bajo el espléndido cielo fucsia
coloreado por la lumbrera del eterno ocaso,
vuelven en instantes relampagueantes
los sitios añorados de mi infancia.
Sobre una colina, el sendero me lleva
alucinado, sonámbulo onírico y enigmático
y desde lo alto la brisa estremece mi alma,
La inmensidad del crepúsculo
en su lejanía profunda,
cosmología de presencia infinita.
Abrumado por el paisaje,
demarcó mi presencia y me animo,
al gozo singular de aquellos parajes
inauditos y hermosísimos,
deseoso, ruego detener los espacios y los tiempos
ante la sublime majestad de la eternidad.
JLReyesMontiel

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