Una visión me lleva de la mano
a la casa y al árbol,
a visitar las almas
de mis gatos enterrados
en las jardineras del patio,
en una onírica existencia eterna,
saltando los bahareques,
entre las casas
de la urbana ciudad mía,
llego afanado por la añoranza
al seguro puerto
de mi otrora estancia
corriendo sobre sus enlosados.
Sepultados entre la arena
de las jardineras,
quedaron Julio Cesar,
Trajano, Clodomiro, Aristarco
y el recuerdo de Lorenza;
dormidos,
en sus esqueletos ágiles
y su felino cráneo,
convertidos en parte del humus,
del sustrato de la tierra y a su vez,
en sabia pura vegetal,
sustanciada en el tronco
del árbol, de la casa
que sola está.
De vez en cuando despiertan
de su sueño a otro sueño,
en dimensiones paralelas
a mi existencia y viceversa,
de vez en cuando,
nos encontramos
por alguna esquina del cosmos,
como estrellas fugases que
al siguiente día
la perplejidad nos sorprende
al despertar.
Ahí están
nuestros fantasmas,
deambulando
por entre las habitaciones solitarias,
en una figuración efímera
y de una forma aromática y etérea,
prisioneros del entorno,
despertando cada instante
y durmiendo cada segundo,
fulgurantes ánimas
de un sitio inalienable,
tan nuestro en sus brisas,
en sus lluvias,
en sus calores,
en sus soles y en sus lunas,
érase aquella, nuestra casa.
JLReyesMontiel.

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