lunes, 2 de septiembre de 2019

Vuelta a mi casa.

Una visión me lleva de la mano
a la casa y al árbol, 
a visitar las almas 
de mis gatos enterrados 
en las jardineras del patio, 
en una onírica existencia eterna, 
saltando los bahareques,
entre las casas
de la urbana ciudad mía,
llego afanado por la añoranza
al seguro puerto 
de mi otrora estancia 
corriendo sobre sus enlosados.

Sepultados entre la arena
de las jardineras,
quedaron Julio Cesar, 
Trajano, Clodomiro, Aristarco 
y el recuerdo de Lorenza; 
dormidos, 
en sus esqueletos ágiles 
y su felino cráneo, 
convertidos en parte del humus, 
del sustrato de la tierra y a su vez, 
en sabia pura vegetal,
sustanciada en el tronco 
del árbol, de la casa 
que sola está.

De vez en cuando despiertan 
de su sueño a otro sueño, 
en dimensiones paralelas 
a mi existencia y viceversa, 
de vez en cuando, 
nos encontramos 
por alguna esquina del cosmos, 
como estrellas fugases que 
al siguiente día 
la perplejidad nos sorprende
al despertar.

Ahí están 

nuestros fantasmas, 
deambulando 
por entre las habitaciones solitarias, 
en una figuración efímera 
y de una forma aromática y etérea, 
prisioneros del entorno, 
despertando cada instante 
y durmiendo cada segundo, 
fulgurantes ánimas 
de un sitio inalienable, 
tan nuestro en sus brisas, 
en sus lluvias, 
en sus calores, 
en sus soles y en sus lunas, 
érase aquella, nuestra casa. 

JLReyesMontiel.




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